Cómo proteger las almohadillas de tu perro
Las almohadillas son piel, no suela. Aguantan mucho, pero se queman, se abren y se desgastan igual que cualquier otro tejido, con el agravante de que tu perro va a seguir andando encima aunque le duela.
La prueba de los siete segundos
Es la comprobación más útil que existe y no cuesta nada: pon el dorso de la mano sobre el asfalto y aguanta siete segundos. Si no puedes, tu perro tampoco.
Para que te hagas una idea de las cifras: con 25 °C de temperatura ambiente, el asfalto al sol puede estar a más de 50 °C. Con 30 °C ambiente, supera los 55 °C. Y las quemaduras en almohadilla aparecen a partir de unos 52 °C en cuestión de un minuto.
Por eso, de mayo a septiembre, los paseos son a primera hora de la mañana y después del anochecer. El asfalto acumula calor y sigue caliente bastante después de que el sol se haya ido.
Cómo saber si ya se ha quemado
Señales, de menos a más grave:
- Cojea o levanta las patas alternativamente.
- Se lame las patas de forma insistente al llegar a casa.
- Se niega a andar o busca la sombra y se queda quieto.
- Almohadillas más rojas u oscuras de lo normal.
- Ampollas, trozos de piel levantada o zonas en carne viva.
Si hay ampolla o piel levantada, eso es una quemadura y hay que ir al veterinario. En casa, mientras tanto: enfriar con agua fresca (no helada), no reventar nada y evitar que se lama.
El otro enemigo: el terreno abrasivo
La piedra suelta, el sendero de grava y la roca cortante desgastan la almohadilla poco a poco. El problema aquí no es un día: son cuatro horas seguidas de terreno duro en un perro que normalmente pisa acera y hierba.
Esto se llama desgaste por abrasión, y suele acabar en almohadilla en carne viva al día siguiente. Se previene con dos cosas: progresión y revisión.
Cómo endurecerlas de forma progresiva
Igual que la planta de tu pie se adapta a andar descalzo, la almohadilla se engrosa con el uso. Pero necesita semanas, no un fin de semana.
- Empieza con salidas cortas por terreno mixto: tierra, algo de grava, hierba.
- Aumenta la exposición poco a poco, una salida por semana.
- Revisa las patas siempre al terminar, entre los dedos también.
- Si aparece rojez, para y espacia las salidas hasta que se recupere.
Existen bálsamos endurecedores a base de cera para perros de trabajo. Úsalos como complemento, nunca como sustituto de la progresión, y jamás justo antes de salir: reblandecen si se aplican en exceso.
Botines: cuándo sí
Tienen sentido en tres casos: terreno realmente agresivo (roca volcánica, pedreras), nieve y sal de deshielo, y para proteger una almohadilla que ya está lesionada mientras cicatriza.
Para el día a día no hacen falta y muchos perros los odian. Si vas a usarlos, acostúmbralo en casa antes: ponle uno solo, cinco minutos, con premios, y ve subiendo. La primera vez andan levantando mucho las patas, es normal y se pasa.
Qué hacer si se abre una almohadilla en mitad de la ruta
- Limpia con suero fisiológico, sin frotar.
- Desinfecta con clorhexidina si la llevas.
- Cubre con gasa y venda autoadhesiva, sin apretar: si el dedo se pone frío o hinchado, va demasiado apretado.
- Ponle encima un calcetín o un botín para que la venda no se destroce.
- Vuelve por el camino más corto y, si el perro es pequeño, cógelo.
- Al veterinario si hay sangrado abundante, un corte profundo o algo clavado. Si hay un objeto clavado, no lo saques: inmoviliza y ve.
El mantenimiento normal
Revisa las patas después de cada salida larga: entre los dedos es donde se meten las espigas y donde se acumulan bolitas de barro y resina que acaban rozando. Córtale el pelo que sobresale entre las almohadillas, porque acumula suciedad y hace que resbale en suelos lisos.
Y después de la playa, aclara siempre con agua dulce: la sal reseca y agrieta.
Si estás preparando una salida larga, mira también qué llevar en la mochila: el botiquín de patas ocupa poquísimo y es lo que más se acaba usando.