Cómo enseñar a nadar a tu perro paso a paso
Enseñar a nadar a un perro tiene una regla que resume todo lo demás: el perro entra en el agua por su propio pie o no entra. Lo de cogerlo en brazos y soltarlo en la parte honda para que «le salga solo» es la forma más rápida de que asocie el agua con el miedo, y de ahí ya no se vuelve fácilmente.
Con paciencia, la mayoría de los perros con anatomía adecuada aprenden en tres o cuatro sesiones. Estos son los pasos.
Antes de empezar: elige bien el sitio
El lugar hace la mitad del trabajo. Busca:
- Entrada progresiva. Que el fondo baje poco a poco y el perro pueda decidir hasta dónde llega haciendo pie. Nada de escalones ni bordillos.
- Agua tranquila. Sin olas ni corriente. Una cala resguardada, el Mar Menor o un lago tranquilo antes que mar abierto.
- Fondo firme. Arena o grava, no fango que se hunda.
- Poca gente y pocos perros. Las distracciones y los sustos sobran en las primeras sesiones.
- Agua templada. El agua fría corta la respiración y le va a dar una primera impresión pésima.
Paso 1: chaleco puesto desde el primer día
Pónselo en casa, en seco, unos días antes, y que lo lleve un rato mientras juega o come, para que lo asocie a cosas buenas y no a la playa. Un perro que estrena chaleco y agua el mismo día tiene dos cosas nuevas que gestionar a la vez.
El chaleco cumple dos funciones aquí: lo mantiene horizontal mientras aprende a coordinar las patas, y te da un asa para levantarlo al instante si se agobia. Asegúrate de que la talla es la correcta antes de meterte —tienes la guía completa en cómo elegir la talla de un chaleco salvavidas—, y si aún no tienes uno, el nuestro lleva asa de rescate y cintas ajustables.
Paso 2: mojarse las patas y nada más
Primera sesión: la orilla. Tú entras, él te sigue si quiere. Juega en el agua que le cubre las patas, tira su juguete a un palmo de la orilla, prémialo cada vez que se acerque por su cuenta.
Aquí no se avanza más. Aunque parezca que va sobrado. La sesión termina bien, con él queriendo más, y eso es exactamente lo que quieres.
Paso 3: entra tú primero
Los perros siguen a su gente. Métete tú hasta la rodilla y llámalo con voz alegre, sin insistir ni tirar de la correa. Si viene, fiesta. Si no viene, no pasa nada: vuelves a la orilla y lo intentas otro día.
Nunca lo arrastres con la correa hacia el agua. Es la forma más rápida de que el agua signifique «conflicto».
Paso 4: el momento en que deja de hacer pie
Este es el paso clave. Cuando el perro llegue a la profundidad en la que empieza a flotar, pon una mano bajo su abdomen, justo delante de las patas traseras, y sostenlo en horizontal.
Verás lo que hacen casi todos los principiantes: batir solo con las patas delanteras, salpicando muchísimo y sin avanzar nada. Es normal. Al sujetarle la parte de atrás en horizontal, el perro descubre que también tiene que empujar con las traseras, y en cuestión de segundos suele coordinarse.
Ve retirando la mano poco a poco, sin quitarla del todo, hasta que veas que se mantiene solo. Dos o tres metros son suficientes para la primera vez.
Paso 5: enséñale la salida, siempre
Esto es lo que más se olvida y lo que más accidentes evita. Cada vez que entréis a un sitio nuevo —y muy especialmente en piscinas— llévalo hasta la salida y hazle salir por ahí varias veces. Escalera, rampa o el tramo de orilla por el que se sale bien.
Un perro que sabe nadar pero no encuentra por dónde salir termina agotándose dando vueltas. Es la causa de la mayoría de ahogamientos en piscinas particulares.
Paso 6: sesiones cortas
Cinco o diez minutos de agua es una barbaridad de ejercicio para un perro que empieza. Nadar cansa muchísimo más que correr, y el cansancio en el agua es peligroso.
Mejor tres sesiones de siete minutos que una de media hora. Y siempre se termina antes de que él dé señales de estar agotado.
Señales de que hay que parar
- Nada muy vertical con la cabeza estirada hacia arriba.
- Intenta subirse encima de ti.
- Jadea de forma exagerada o tose.
- Tiene la cola metida, las orejas hacia atrás y el cuerpo tenso.
- Se aleja de la orilla en línea recta sin atender a tu llamada: puede ser pánico, no diversión.
Errores que arruinan el aprendizaje
Tirarlo al agua. Ni desde el bordillo, ni desde una barca, ni «un poquito». Ni una vez.
Reñirle si no entra. Refuerza la idea de que el agua trae problemas.
Consolarlo en exceso cuando se asusta. El tono compasivo le confirma que efectivamente pasa algo malo. Mejor tono normal y alejarse de la situación con naturalidad.
Dejar que beba agua de mar. Lleva agua dulce y ofrécesela cada pocos minutos, porque nadando tragan bastante sal sin querer.
Al salir
Aclara al perro con agua dulce para quitarle la sal y la arena, que le irritan la piel. Sécale bien las orejas por dentro con una gasa: la humedad retenida es la causa número uno de otitis después de un verano de playa. Revisa las almohadillas y, si ha estado en piscina, ten en cuenta que el cloro también reseca.
Y si vives en la zona, aquí tienes las playas caninas de Murcia y Cartagena, con las de aguas tranquilas señaladas: son las ideales para estas primeras sesiones.